Era su primera maratón y estaba corriendo solo. Después de detenerse a beber agua en un puesto de asistencia, se sentía extenuado, y se sentó sobre la hierba al costado de la pista.Pasaron los minutos, y no podía levantarse. Se había resignado a abandonar, cuando dos maestras de escuela, de edad mediana, se acercaron. Aunque no lo conocían, vieron a Jack y le preguntaron si quería correr con ellas. De repente, recuperó la fuerza. Se puso de pie y, acompañado por las dos mujeres, completó la carrera.

Esas mujeres me recuerdan a Aarón y a Hur, dos amigos que, en una situación clave, ayudaron a Moisés, el líder de los israelitas (Éxodo 17:8-13). Durante la batalla en la que eran atacados, ganaban mientras Moisés sostenía en alto su cayado (v. 11). Por eso, cuando las fuerzas del líder comenzaban a flaquear, Aarón y Hur se pararon a ambos lados de él y le sostuvieron los brazos hasta que cayó el sol (v. 12).

Seguir a Dios no es tarea de uno solo. Él no nos creó para que corramos la carrera solos. Los compañeros pueden ayudarnos a perseverar en medio de las dificultades mientras llevamos a cabo lo que el Señor nos llamó a hacer. 

Los amigos pueden ayudarnos a perseverar

Fuente: Nuestro Pan Diario